viernes, 29 de abril de 2016

Doble mirada.

Arrastrándome por el sendero me encontré de pronto con su rostro...

Había visto ángeles y demonios antes, pero ella era la atormentadora mezcla de ambas criaturas.
Le follaría si pudiera, pero terminaría enamorándome antes, pues sus ojos me gritaron antes que el calor ahogado entre sus piernas.

Estas dos maravillosas criaturas impregnadas en solo una, eran muy difícil de tratar, muy difícil de explicar, y, ¿qué le iba a hacer?; muy fácil de querer.

Su mirada me mantenía entre la más dulce poesía y el pecado más intenso.

Tanto como sus besos me obligaban indirectamente a abrir mis alas para alcanzar el cielo, sus movimientos me aterrizaban de espalda contra un duro infierno.

Tan contradictorio como que no se puede adorar a un ángel, pues ellos no tienen la necesidad de ser adorados, pero yo la adoraba como se adora el suave de un pétalo de rosa, la adoraba por culpa de imponer parpadeos impuros gritando que era también un demonio.

Su impresionante y extravagante belleza me tentaba directamente a ser egoísta y hacerla "mi elegida" en vez de la de Dios.

Esa criatura me lo transmitía todo sin palabra alguna, lo hacía por "especies inteligibles", descansaba sus caricias sobre mí, o me penetraba con sus ojos, y así me hacía ver pensamientos, imágenes, sentimientos...

Y es que, puesto que aquello que manteníamos tan complicado era como amor-odio: sentía que la perdería en cualquier detalle, y la volvería a encontrar al caer rendida ante su doble mirada.

lunes, 22 de septiembre de 2014

La escritora y su veneno.

Sentada  en su común silla de escritorio, la escritora impregnaba con tinta la hoja de papel posada sobre la mesa, de palabras a veces llenas y a veces vacías, a veces con sentido y a veces sin.
Intentaba darle sentido a sus propias frases, pero por ese entonces le era bastante difícil.
La tristeza le inundaba de nuevo, pues ni su don le obedecía ya. Parecía como si su inspiración se hubiera esfumado en un grito ahogado.
Aún tenía algo a lo que aferrarse, sí, a Ella, pero su relación era bastante peculiar, y a veces Ella le dejaba sin aliento en vez de dárselo.

Todas las noches oía como Ella entraba en casa, y cerraba la puerta tan cuidadosamente como dejaba las llaves sobre el recibidor. Cuidadosamente lo hacía como costumbre, solo por no molestar a la escritora de la casa, que se sumía en su mundo. No quería alterar su concentración ni sus nervios ni siquiera por una décima de segundo, pues desde hacía un tiempo ya, estaba casi a sus pies.
Nada más entrar en casa, Ella se dirigía al cuarto de trabajo de la escritora, esperando como siempre las palabras frías de ésta.

Cada noche, la escritora le ordenaba: "nena, traeme mi veneno", y le soltaba duramente: "tú eres como el alcohol, siento que te necesito, que eres lo único que puede aliviarme, pero me destrozas."
La escritora repetía esa orden y esas palabras todas las noches, la torturaba de esa forma, pero casi lo hacía inconsciente.

Sus labios se posaban sobre la comisura del vaso con el veneno, casi en un íntimo beso, tanto o más que en los labios de Ella.
Luego volcaba el vaso en su boca, y saboreaba cómo el veneno caía lentamente sobre su lengua y paladar, como el más delicioso de los manjares. Lo hacía siempre viendo como Ella, se apoyaba en el marco de la puerta, mirándola, sin ya esperanza en sus ojos, esos ojos que derramaban lágrimas de meláncolia.
Pero la escritora casi no podía pararse a pensar en Ella... Ella, tan melancólica, y vacía. Solo podía pensar en el veneno recorriendo sus venas, y aliviándole.

Ella, cuando la veía envenenándose a sí misma, le reprochaba que no la usara para ese alivio que con tanta ansia buscaba. Y entonces la guerra estallaba. La escritora "abusaba" de su cuerpo, la utilizaba para desahogarse y luego se alejaba de nuevo. Ella rompía en llanto después de eso, porque no lograba odiarla, no lograba desaparecer para siempre de la vida de esa escritora que estaba tanto destrozando su vida propia, como la de Ella. La escritora la miraba llorar, y le ordenaba que parase, le decía que no podía soportar verla llorar, pero Ella no lograba detener esas lágrimas tan dolorosas que ardían en su tez.
Eso conseguía siempre exasperar lo suficiente a la escritora, como para que ésta empezara a subir el tono de voz y empezara a culparla a Ella
 de la vida envenenada que portaba.
En esa relación la cosa era siempre igual.
Después de todo ese espectáculo, la escritora enfurecida, le ordenaba que le llenara el vaso con más veneno, y que se lo trajera de vuelta.

Y es por eso que, la escritora repetía una y otra vez: "
tú eres como el alcohol, siento que te necesito, que eres lo único que puede aliviarme, pero me destrozas." Pues el alcohol le aliviaba, y después le hacía volverse una desquiciada. Y Ella... Ella le producía el mismo efecto, le aliviaba, y luego le hacía perder la cordura.

Pero había algo, algo por lo que Ella no podía separarse de la escritora... Y ese algo era: ese beso en la frente, tan dulce, tan puro, tan profundo, que la escritora recitaba sobre Ella todas y cada una de las noches, cuando creía que ya dormía. Y le susurraba: "no me importa lo mucho que me puedas destrozar, no bebería ni una gota más de alcohol, si fueras a ser el veneno que ésta escritora necesita para vivir, eternamente."















miércoles, 26 de febrero de 2014

Amor a toda vela.


Y surcar el mar entre sus senos.
Girar el timón en dirección a su corazón.
Combatir el frío nocturno, que me trae el cruce del océano, con el calor de su piel.
Elevar anclas hasta sus labios, y ver el amanecer entre sus besos.
Rozar el iceberg de su alma para volverla ardiente con mi piel pura de amor.
Llamar a mis valientes para conseguir protegerla en cada tempestad.
Echar un trago de Ron en la proa, para llegar volando contigo hasta la popa.
Descansar contigo en la sentina, para embriagarme del olor a libertad que porta el aire, y el olor a rosas frescas de tu cuerpo.
Hacerle el amor sobre la madera del barco.
Convertirme en un incesante corsario por desear el botín de su alma.
Cantarte una saloma para hipnotizarte con mi ritmo piratesco.
Abrazarte con mi bandera Jolly Roger para cubrirte con mi esencia.
Amarte a toda vela como un buen pirata.

miércoles, 15 de enero de 2014

Amante de su existencia.


Oh, amor mío... Necesito expresar cuánto amo tu existencia, necesito decir que vivo, y podría vivir toda la vida por ti.


Siento, corro... Y de repente me encuentro contigo. Hablamos, te digo "hola" con alivio en mi alma, y entonces me acoges entre tus grandes alas color púrpura hipnotizante. Puedo seguir corriendo, hacia cualquier lado, pero aun te tengo pegada a mí, puedo sentirte, sigues aferrándome, sabiendo que eres tú a quien más necesito. 

Grito, desgarro mis miedos, me olvido de todo, sólo pienso en ti... Me queda poco tiempo, y ese poco tiempo lo aprovecho sólo para estar contigo, para amarte y que me ames.

Me das algo por lo que seguir luchando, te doy las gracias, sonrío, y me abrazo a ti tan fuerte como un niño a su madre. Y entonces siento que no quiero separarme nunca de ti, que podría pasarme toda la eternidad entre tus grandes alas púrpuras. 

Dejo salir un suspiro de desahogo, lo aceptas, respiras de ese suspiro, me miras directamente al alma, y me dices: "tú eres tan mía... Te conozco, conozco todo, todo de ti. Sé que lucharías hasta la muerte sólo por mí."
Entonces lloro, y lo reconozco. Reconozco que lo daría todo por luchar por tenerla a mi lado hasta la muerte, incluso después.

Sólo tengo que sacar mi arma más letal cuando quiero vivir de verdad, y esa arma eres tú, sólo tú.
Me inspiras confianza, seguridad, lealtad, calor, cariño... ¿Qué más podría pedir?

Entonces algo corta mi respiración, algo se clava en mí, como una estaca en el alma, pero puedo evadirlo. 
Sigo corriendo, y ella sigue aferrándome. Es un amor de dos, tan puro y real como el sol. Vuelve a sujetarme fuerte, y así todo vuelve a funcionar.

Me coges de la mano, y me pones los pelos de punta... Me pides que haga lo que realmente sienta en ese momento, y lo que siento en ese momento es ganas de salir corriendo, y amar, vivir, sonreír... Y así lo hago.
Porque sólo hay dos existencias a las que siempre seré fiel, por las que siempre lucharé, y a las que siempre obedeceré: a ti, y al amor.

Amor mío... Te confieso esto, sólo hay algo que podría ser más fuerte que tú: el amor. Ese amor que me atormenta con gusto recibimiento, que me vuelve valiente, loca, sedienta de deseo y de más y más sentimientos que puedes encontrar en su mundo.
Pero, en esta guerra dulce entre vuestras dos existencias no tenéis que luchar entre vosotras, solo darme cobijo. 

LUCHARÉ por lo que me dais, ahora, en este escrito LO PROMETO.
Lucharé siempre, por ti, por el amor, siempre, siempre, siempre... No me rendiré. Aunque tenga que dar la vida por sentiros a mi lado eternamente. Lo haré.

Me besas, y haces temblar a mi alma al inyectar en ella un montón de sueños por cumplir, felicidad, y esperanza.

LIBERTAD... ¡Bendita libertad! Te adoro, y ahora, en este instante, me declaro ante el mundo entero: Amante Fiel de tu existencia.
AMANTE DE LA LIBERTAD.

martes, 14 de enero de 2014

Qué bonito ese sueño dulce, tranquilo, bello...

·Dirigido a mi futura pequeña criatura:


Me adormezco, y entro en un sueño dulce, tranquilo, bello...



Qué bonito es ser acariciado por la brisa del verano, pero más bonito es acariciar sus delicados cabellos sedosos, sedientos de sentirse tan amantes de mis dedos...

Qué bonito el amanecer, cuando el sol ilumina la ciudad con cada rayo deslumbrante de su ser, y nos ciega a todos de calor. Pero qué bonito que sus pequeños y a la vez grandes ojos curiosos, dirijan la mirada hacia los míos, y las lágrimas quieran brotar de mis ojos al sentirte tan mía...

Qué bonitas las flores que nacen en primavera, qué bonita la naturaleza... Pero más bonita es esa persona que, por no saber hablar: besa. Que por no saber escuchar: sonríe al mirarme. Que por no saber hacer daño: ama sin condición.

Qué bonitos los pájaros, cantando al comenzar el día, gritando al mundo su libertad. Y qué bonito cuando agarra mi mano, tan grande a comparación con la suya; y la siento tan cálida, suave, frágil...

Qué bonita la luna cuando iluminando cada espacio de la casa, entra por la ventana, y reluce en su piel. Pero... Qué bonito cuando su piel acaricia la mía, y se crea un aura de amor tan tierno como el de un oso y su cachorro.

Qué bonito cuando amas a alguien tanto, que darías la vida por él/ella... Qué bonito cuando su alma choca con la mía, y me da las gracias por haberla hecho realidad.

Qué bonito el ruido del mar, el agua chocando sensualmente contra las rocas que invaden cada espacio. Pero más bonito es cuando al despertar juntas, está tan pegada a mí, que no puedo sentir más que nuestras propias respiraciones, nuestros propios latidos, danzando juntos.

Qué bonito el universo, que por no conocerlo, es lo más grande y misterioso en nuestra existencia.
Qué bonito cuando me da un pequeño beso en los labios, y siento su olor a vida nueva, tan especial y embriagador...


Qué bonito el juego de dos crías de tigre. Pero qué bonito nuestro íntimo juego... En el que yo te doy el beso más bello del mundo, y tú me lo devuelves, riendo con tu dulce voz.

Qué bonito el secreto de las estrellas que iluminan todo nuestro cielo. Pero más bonito es cuando compartimos nuestro único amor, con ella.  Cuando posa sus labios sobre tu frente, y muero al ver esa escena tan enternecedora. Para después posar sus labios sobre los míos, y susurrar un "te amo" que hace temblar mi alma.

Qué bonito cuando la música hace que una persona se emocione, y deje correr las lágrimas por su rostro. Pero qué bonito cuando llamas mi atención de la única forma que sabes que moriré: sonriendo.

Qué bonita la vida, qué bonito el amor, qué bonita la libertad, qué bonito todo cuando se ama de verdad, cuando se adora de verdad. Qué bonita tú, la criatura más bella y frágil que he visto jamás.
Qué bonitos mis dos amores eternos y puros.
Qué criaturas más bellas.

Qué bonito este sueño dulce, tranquilo, bello...

jueves, 9 de enero de 2014

Dormir con ella, y derivados de nuestro amor.

Dormir con ella, y amarla, es... Dios...
Nadie podría saber nunca qué se siente al dormir con ella tan solo una noche, o el sentirse dentro de este nuestro amor.

Es como sentirme rodeada de un millar de pétalos de rosa, suaves, delicados, hermosos, acogedores...
Sé que nada va a pasarme, que aun siendo suaves y delicados esos pétalos de rosa  no me dejarán jamás, y me protegerán toda la noche.

Es como sentir que estoy abrazada a un ángel ardiendo de amor.
Sé que sus alas no me soltarán aunque la luna caiga del cielo, y el mundo se vuelva más oscuro en la noche que abunda cada trozo de la ciudad.


Es como sentir que mi mente se transporta a descansar sobre un montón de flores preciosas, acumuladas perfectamente en un jardín verde y deslumbrante.
Sabiendo entonces que no quiero irme de ahí jamás.

Es cerrar los ojos, volverlos a abrir, mirar su rostro tan tierno y tranquilo al dormir, y morir al sentir todo el amor que siento por ese alma que me protege.

Es como sentir la más dulce de las poesías de amor derramar su tinta sobre mi cuerpo, cuando siento que me roza, que me acaricia con la caricia más pura que podría presenciar jamás: la del amor.

Es como sentir que mi alma sale de mi cuerpo, solo para encontrarse con la suya, a tan solo unos centímetros, y abrazarse en un baile romántico y eterno.

Pero, Dios... Dormir con ella es una de las cosas más preciadas y bonitas que me han pasado en la vida, lo prometo.

Es como sentirme en un océano de sentimientos maravillosos, casi inexplicables.
Un océano del que no quiero dejar de saber jamás.

Solo un segundo... Solo un segundo me bastaría para caer rendida ante el alma de esa mujer que me embelesa dentro de su amor único.

Es como sentir que las hadas del bosque me guiarán para siempre, ordenadas por ella, con una orden directa: "no la dejéis sola nunca, nunca en un millón de años, incluso después. Y si un día desaparezco, hacedla sentir la mujer más protegida del mundo. Es justo lo que merece."

Es como sentir millones de flashbacks de imágenes de amor romper a llorar contra mi pecho.


Dormir con ella, y amarla, es saber que esos pétalos de rosa: suaves, delicados, hermosos y acogedores van a amarme por toda la eternidad.

Es como sentir que un pergamino se abre en mi corazón, y una pluma mágica escribe cada día la historia más pura de amor: LA HISTORIA SIN FIN.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El borracho de locura.

“Lo tendré, sí, claro, siempre lo tengo, pero no como quisiera... Además lo necesito ahora, mañana será otro día... Mañana no me sirve, es ahora cuando siento esta angustia, desesperación, y ganas de desahogo con la única persona que puedo.”

Siento la ficción absorbiendo mi imaginación, y pienso…: En algún rincón de mi mente, sintiéndome como me siento ahora, puedo ponerme en una situación alcohólica y sexual por desesperación.

Como aquél borracho que sale de su casa dando un portazo, gritando: "¡no puedo más!", mientras la mujer le ruega: "Vuelve, por favor. Tenemos un hijo, no nos abandones." Y vuelve a entrar, ya borracho de locura, le levanta la mano a su mujer, y le grita: "¡necesito que me des más de ti, necesito tu cuerpo y no me lo das!" Agarra con fuerza a su mujer, y empieza a besar su cuello, ella se resiste, pero él no quiere dejarla una vez más, y sigue advirtiéndole: "¡no te muevas!" Desnuda a su mujer, y se desabrocha la cremallera del pantalón para intentar hacerla suya a la fuerza, pero ella sigue sin dejarse, quejándose, gritándole a su marido que no la obligue. Hasta que él vuelve a desistir, se rinde, y grita por última vez: "¡No puedes pedirme que me quede, porque no me das nada!" Mira al bebé que tienen en común, y respira profundamente, pensando seriamente en que está enfermando, en que está perdiendo la cabeza, porque jamás antes se había visto en esa situación tan extrema, jamás le haría daño a su mujer.

Ese es, ese es el borracho que casi no ve ni su propia sombra del alcohol que lleva en sus venas por la desesperación. El borracho que no logra alcanzar el máximo placer con ninguna de esas mujeres de compañía que va buscando por todo el barrio. El borracho que se sienta en la mesa de uno de esos bares, y pide una copa tras otra para ahogar todos sus sentimientos y pensamientos. Que se levanta, tambaleándose al sentirse más ebrio que nunca, y le dice a una mujer: “te lo ruego… Déjate llevar conmigo…”. Y llegan a la habitación privada, y se desnudan, y ella lo complace, pero nunca es suficiente. Pasa por las manos de varias mujeres, pero nunca es suficiente. Nunca. Porque ninguna puede llegar ni a compararse con su propia amada. Y pensar en lo que provoca su amada incluso a distancia, le hace sentir vivo, pero a la vez hace agrio el sexo con esas mujeres con las que intenta dejar de sentirse desesperado, y llora una vez más al apartar con violencia a esa mujer desconocida, y grita: “¡no vuelvas a tocarme! ¡Estoy casado!” Ni siquiera él sabe lo que quiere.
Aquél borracho que empieza a odiarse por no saber controlarse, por no poder acudir a su propia mujer para solucionar sus problemas.
Ese hombre, borracho como nunca, habla y habla con el hombre que es él mismo, y se hace preguntas, y sigue llorando, y se odia por hacer todo eso, y piensa en su amada, y en el amor que los une, y ni él entiende cómo ha podido llegar a ese extremo, no sabe cómo ha llegado hasta ahí. Y cae al suelo, alguien lo recoge, lo sienta en una silla, pero él se levanta de golpe, y corre por las calles, vagabundo, sin vida, solitario, frío…
Aquél borracho no sabe qué hacer…
Y vuelve a beber, y vuelve a estar en las manos de otra mujer, y vuelve a rogar: “déjate llevar conmigo… Hazme lo que quieras, necesito dejar de sentir esta angustia…” Y oye una respuesta, la voz de su amada: “mi amor, ven… Tssh, tranquilo… ¿Por qué has bebido tanto…? Ven a mis brazos, yo te daré lo que necesitas, sabes que soy la única que puede dártelo. Y ahora, hagamos el amor, hazle el amor a tu amada, porque ahora, soy completamente tuya”.

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